No soy racista, pero…

Una vez más, la difusión del video de la muerte de una persona negra como resultado de una actuación policial desproporcionada en Estados Unidos ha puesto al racismo en la mira. Una vez más las protestas en ese país han literalmente incendiado sus calles y, por casi todo el mundo se han ido dando reacciones que expresan de una u otra forma el rechazo a ese racismo que otra vez ha causado muerte e indignación.

Lo que al parecer cuesta trabajo poner en la mira y reconocer es que ese muy presente racismo que excluye, restringe, limita, discrimina y mata no sólo es una lamentable realidad histórica en los Estados Unidos, sino que también está presente en nuestros barrios, en nuestras ciudades. Sí, el racismo está muy presente en el día a día de muchas personas en Europa, en todo América, en Asia, Oceanía y África. Porque sí, nosotros no somos racistas, pero… pero todos y todas tenemos cargas sociales, prejuicios y estereotipos respecto a personas, culturas y colores de piel. Evidentemente no siempre negativos, pero basta con hacer una revisión sincera personal para darnos cuenta de eso.

El problema del racismo es que muchas veces no es evidente, sino más bien sutil. El problema del racismo es que no sólo se expresa por algunas personas, sino que ha permeado leyes, políticas e instituciones públicas y privadas. El problema del racismo es que en muchos ámbitos se ha normalizado como parte de esa “mala suerte” que tienen algunas personas por ser diferentes o por ser parte de una minoría en un contexto determinado. El problema del racismo es que en el cotidiano se invisibiliza, se justifica y se cree que es una situación aislada y ajena a nuestro entorno social próximo.

El problema del racismo es que si no lo has sufrido o visto en primera línea es muy difícil que creas que existe y se da, pues siempre es más fácil intentar justificarlo y llamarlo de otra manera que reconocerlo con toda su crudeza. El problema del racismo es que siempre ha existido como una reproducción de las relaciones de poder en la sociedad y que, por tanto, forma parte consciente e inconsciente de muchas prácticas sociales que jerarquizan, oprimen y estigmatizan. El racismo atraviesa nuestras emociones, percepciones, relaciones, saberes, intereses y formas de vida, pero seguimos negando que así sea, que así es, que está aquí y ahora.

Es por eso por lo que el racismo no se puede eliminar sólo con discursos, leyes o pantallas negras en nuestras redes sociales, el cambio es mucho más profundo. También por eso la lucha contra el racismo no puede partir de aparentes superioridades éticas, morales e intelectuales, ni de asumirse como ejemplo de sensibilidad y empatía ante quienes son diferentes a nosotras; va más de comprensión, educación, reivindicación y empoderamiento para romper las estructuras de opresión y desigualdad. Es por ello que el inicio del fin del racismo parte de una revisión personal, de reconocer y cuestionar el origen de nuestros prejuicios, porque insisto, todas y todos tenemos alguno; de romper y encontrar el origen de los estereotipos que hemos asimilado, de darnos cuenta de los privilegios que gozamos por nuestras características y entorno personal.

El fin del racismo sólo llegará cuando alguien ajeno a los temas de derechos humanos o sin sensibilidad en la lucha antiracista se detenga ante un texto como este o reaccione ante una situación racista, pues sólo en ese momento el racismo será un tema que por fin no le será ajeno a más sectores de la sociedad, una realidad frente a la cual toda persona se sienta interpelada aunque no le afecte de manera directa. Mientras llega ese momento, hagamos e invitemos a hacer una revisión personal “del pero” incluso si nos asumimos como antiracistas, sigamos haciendo visible el racismo cotidiano en cualquiera de sus manifestaciones y evitemos que se consolide su normalización en nuestra casa, barrio y ciudad. El racismo no es algo normal. El racismo denigra, hiere y mata.

Yo no soy racista, pero mi sociedad aún lo es. Yo no soy racista y me gustaría que tú tampoco lo seas…

Karlos Castilla
Doctor en dret especialitzat en drets humans
Membre del consell de SOS Racisme

 

 

 

 

*Article publicat originalment en català al portal Xarxanet.org el 30/06/2020

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